sábado, 11 de agosto de 2012

Libro gratis sobre maldiciones africanas y magia negra en el Amazonas

Capítulo basado en hechos reales sobre magia negra y maldiciones africanas perteneciente al libro La Ciudad de los Lobos Blancos (click aquí  para descargar gratis el libro)

Maldiciones africanas y magia africana 2012


La tragedia de Loka: maldiciones africanas y magia negra del siglo XXI

Han pasado algunos años, tal vez tres, tal vez seis, quizás menos. Nunca fui bueno para las fechas ni para tantas otras cosas; pero qué importa.
 Había sido un domingo, de eso no había dudas,  porque recuerdo  claramente haber pensado en el ministro y que lo iban a tener que molestar un domingo.
Me dirigía a mi oficina, rogando seguramente que los dioses alukus (etnia africana de la región amazónica del Maroni) me permitieran conectarme a Internet.
 La desconexión con la Matrix era lo único bueno de estas continuas imposibilidades de conexión a la Web que sufría. Había vuelto a a la escritura profunda reflexionada, hasta recibía y envíaba cartas manuscritas, milagros de la comunicación del siglo XXI, delicias perdidas durante la era A.I. (Antes Internet).


Me había cruzado con la mujer negra, extrañamente flaca por la edad que tenía. Efectivamente era muy raro ver alguna negra mayor de 25 años sin sobrepeso. El sida hacía estragos en la región. En taki taki, los negros cimarrones  llamaban al HIV “siki lobi”, la enfermedad del amor. El tema de la prevención resultaba muy difícil de trabajar con las poblaciones africanas y amerindias porque para ambas minorías, el sida era entendido como una maldición que nada tenía que ver con el uso de preservativos, sino con las cuentas que tenía que pagar cada uno por hechos del pasado. La consecuencia resultaba evidente, el HIV se extendía a pasos agigantados en estas poblaciones.
Volvamos al fatídico día domingo. La mujer negra dudaba claramente entre hablarme o no. “¿Sa a pasa mi mati?”  (“¿Qué sucede amiga?”) Le pregunté.   "Habi furu dede na Loka, furu pikin boy dede, ala sama go drape" (Hay muchos muertos en la aldea de Loka, muchos chiquitos muertos, todo el mundo está yéndose para allá.). Pregunté de inmediato ¿Onte yari habi the piking boys? (¿Cuántos años tienen los chiquitos?).
No lo pensé ni un segundo, en realidad sí, lo pensé, pero era obvio que tenía que hacerlo. Marqué el número del jefe máximo a quién se podía molestar sin entrevista concertada previamente, sólo en caso de emergencia y más teniendo cuenta que hoy era domingo. Este era el caso, si la noticia resultaba cierta obviamente. "Habría alumnos entre las víctimas" susurré casi gritando en el celular con comunicación directa. "Vaya para allá...confirme la noticia. No se olvide que usted a partir de ahora, representa a la Educación Nacional Francesa. Si no hay nadie de Prefectura, también asume ese rol. De ser cierta, la información, habrá que llamar al ministro por más que hoy sea domingo". Era domingo pensé, lindo desayuno para el ministro,  pero seguro lo llamarían, este tipo de noticias bien lo valían, y el ministro avisaría de inmediato al presidente.
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Me dirigí al desembarcadero a ver si conseguía alguna canoa que me llevara al pueblito de Loka. La noticia debía de ser posta. Había un gentío de no creer, un hormiguero revolucionado y conmocionado por la terrible noticia. La gente estaba desesperada, se metía de a 60 en las canoas, embarcaciones diseñadas para transportar normalmente 20 personas. Subí, no había ninguno de los 20 asientos libres como era de suponer y me acomodé al igual que el resto en el borde de la embarcación. “Nos vamos a hundir” pensé de inmediato haciendo el balance instantáneo de las pertenencias que tenía encima: teléfono satelital y billetera.
 Arrancó la travesía y ya en el medio del río, cuando las olas comenzaron a hacerse un poco más importantes, el agua comenzó a entrar de a poquito en la canoa, recuerdo mi cola en apoyada en el borde rozando el agua, recuerdo también haberme preguntado por enésima vez desde que había pisado territorio amazónico que quién carajo me mandaba meterme en este tipo de historia; pero lo que más recuerdo de este descocado trayecto es la mujer negra y gorda al lado. Supongo que debe haber sido viendo la cara de susto que llevaba: "mi na sabi washi" (no sé nadar), y explotó en una carcajada.  
Luego de hora y media, llegamos a  Loka, pueblito de 300 habitantes donde había ocurrido la tragedia. Al pisar tierra, la parca, la huesuda ya nos estaba esperando en el especie de muelle de madera. La selva en los alrededores, lo que nunca, en completo silencio, silencio de muerte. Los espíritus de los antiguos esclavos negros se hacían sentir en cada callecita, el ambiente estaba enrarecido, se me hizo un nudo en el estómago, un terrible cagazo como le dicen en mi barrio.
Divisé de inmediato a los maestros del pueblo, en su mayoría todos blancos. Estaban sentados en la puerta de una choza ubicada a escasos metros de la casa maldita, el lugar de los hechos. Como el resto del pueblo, los hallé con la mirada perdida, en completo estado de shock, nadie hablaba.
"Tengo mucho miedo, no sabes lo que va a ser a la noche todo esto, va a estar todo muy heavy", me dijo señalando la selva virgen, uno de los docentes señalado en informes por su problemas de alcoholismo y al cuál yo apreciaba bastante y valoraba más todavía como se peleaba administrativamente para conseguir cosas para una escuelita totalmente aislada en la selva, la suya.
 Miré hacia el infierno verde que se encontraba a escasos metros. Recuerdo haber percibido claramente a que se refería el docente, las fuerzas selváticas y ocultas preparándose para adentrarse en el pueblo.  Como si las paredes de la selva se nos estuviese viniendo encima.
Sentí alivio de lo más egoísta al saber que no me tocaría pasar la noche allí, tal vez una sola, si la prefectura lo solicitaba. La prefectura era la fuerza estatal mejor paga, contaba con los mejores recursos, ¡siempre un placer trabajar con los colegas!
"¿Quieres volverte a la Cayena, a la ciudad o prefieres que te repatriemos a Paris?" le pregunté al docente en estado zombi. Me miró unos segundos sin contestar, después negó con la cabeza “ahora nadie puede irse” y siguió contemplando la nada verde amenazante.

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A nivel cuerpo docente había de todo y de cualquier tipo en la Guyana Francesa. No era para cualquiera. Dejar la Torre Eiffel, la dolce vita del primer mundo y venirse a zambullir de un día para el otro a la selva y dentro de una cultura extraña y con cierta animosidad de cierta manera justificada contra el blanco: soñadores, anarquistas, pedófilos, drogadictos, aventureros, etc..., para todos los gustos en las viñas del señor. Muchos funcionarios me confesaban que la Guyana era en muchos casos un especie de tacho de basura de la educación francesa. Docentes acusados de abusos de menores no probados, o maestros con antecedentes de violencia para a sus alumnos. Las alumnos franceses pertenecientes a las diferentes etnias de la Guyana Francesa, en vez de recibir la gente más apta, acogía en numerosos casos, la lacra de la lacra, apóstoles del genocidio cultural en esa región del amazonas.        
Me acerqué a la casa de la tragedia, los muchachos de la prefectura francesa ya se encontraban en el lugar, había un vallado. "Soy Educación Nacional", le dije al militar que custodiaba el lugar. Me dejaron pasar, se escuchó que alguien gritaba “¡Educación está acá!” e inmediatamente y me llevaron a ver al capitán. ¿Qué pasó? disparé apenas concluimos las presentaciones.
El oficial me dio algunos detalles:           
"Durante la noche murieron 11 personas, 3 adultos (dos mujeres y un hombre) y 8 niños.  Los cuerpos fueron encontrados tirados en el piso, en una especie de macabra fila india. Salvo dos niños que habrían muerto en sus hamacas. Encabezando la fila mortuoria, se encontraba una mujer, la mano tendida hacia la puerta de la casa, como queriendo alcanzar la manija de la salvación. El oficial prosiguió: "todas las ventanas se encontraban cerrada, cosa de lo más rara por el calor. Todo parece indicar una intoxicación o bien un envenenamiento. En el pueblo hablan de venganza."


Yo argentino, caminando entre los cadáveres, representando el estado francés me resultaba mucho más extraño que la espuma blanca que salía de las narices de cada uno de los cuerpos.
Conocer el Taki taki me permitió hablar con distintos habitantes del pueblo. “A naa bun” decían todos. “No es bueno” y miraban al igual que el docente para la selva. La mayoría quería saber que era lo que había pasado y confiaban en la tecnología de occidente para descubrir la verdad.
 Días más tardes tres de los cadáveres serían enviados a Paris para la autopsia.  Tiempo después los peritos franceses parisinos no lograrían determinar las verdaderas causas de la muerte de esa gran familia. Los espíritus de los ancianos esclavos, seguro seguirían riendo por lo bajo pensando: "donde manda diablo negro no manda diablo blanco"
Después caería el ministro, cara de compungido, me miraría directo a los ojos,   me daría la mano, me diría lo siento mucho y me olvidaría para siempre.
Lo habían despertado nomás al ministro, por eso recuerdo que era domingo.


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